Reseñas

Óscars 2017: Un error y Donald Trump

Una de las noches más esperadas en el espectáculo es la aclamada entrega de los Premios Óscar, pues es el evento que aplaude lo mejor del cine según las decisiones de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, o AMPAS por sus siglas en inglés. Y si bien todos los años suele ser un proceso de 3 horas lleno de situaciones divertidas, emocionantes, y hasta melancólicas, este año dio mucho de qué hablar por dos cosas que contrastaron entre sí: un error histórico y una “protesta interna” que no pasó desapercibida.
Nadie olvidará estos Óscars principalmente por el error tan inesperado en su final, que nos dejó el mismo impacto que tuvimos con Miss Universe 2015. Para recordar un poco, en el Miss Universe de aquél entonces un error bastante peculiar del presentador Steve Harvey causó probablemente un trauma muy fuerte para la Miss Colombia 2015, pues al principio parecía la ganadora del concurso dicho por el mismo Harvey con tarjeta en mano…pero no, fue un error y la verdadera ganadora era Filipinas, por lo que el presentador tuvo que disculparse y a pesar de toda la conmoción, Pia Alonzo (Miss Filipinas 2015 y Miss Universe 2015) se mantuvo serena y calmada mientras era coronada.
Tal cual sucedió esta vez con Warren Beatty y Faye Dunaway, quienes iban a nombrar lo más esperado de los Óscars, el premio a “Mejor película”, pero tras una confusión de Beatty, Dunaway decidió de inmediato leer lo que vio en la tarjeta, y esto emergió como el error más grande ocurrido en una premiación de esta magnitud.
Cabe destacar que personalmente parece injusto que, acorde a lo que se ve en redes sociales y algunos medios, todos han querido culpar al actor Warren Beatty simplemente por ser el que cargaba el sobre. Es importante mencionar que si bien el abrió el envoltorio, fue ÉL quien decidió no leer nada porque se dio cuenta del error al recibir un sobre equivocado, y quien además después de la confusión, decidió aclarar todo y hasta disculparse, cosa que la actriz Dunaway no hizo, y sin ánimos de ofender a la prestigiosa celebridad, pero lamentablemente ella si pasó por debajo de la mesa y nadie recordó que fue ella quien realmente cometió el grave error de decir el “ganador”
.
Ahora bien, además de mencionar la injusta culpabilidad, algo que también relució mucho en esta premiación fueron los constantes discursos “anti-Trump”. Considero importante que el arte sirva como un medio de expresión cuando no estamos a gusto con algo, pero llega esa brecha, ese límite, esa delgada línea que al cruzarse ya se vuelve incómoda y hasta insoportable, sobre todo para el público.
Los Óscar siempre han sido vistos por millones de personas alrededor del mundo, con esto destaco que no solo es apreciado por estadounidenses, sino por audiencias en Europa, Asia y obviamente Latinoamérica. Por esa razón, resultó a mi parecer un poco inaguantable que esas “protestas internas” resultaran tan constantes en el evento, sobre todo porque la mayoría de los que decidimos disfrutar de este evento justamente queremos dispersarnos de la política y los sucesos agobiantes del día a día, como para que justo en esas horas también decidan clavarnos más de lo mismo.
La libertad de expresión es algo que siempre debemos aplaudir, claro está, pero justo por eso mismo creo que me importa opinar al respecto sobre estas protestas, porque a más de uno lo vi muy disgustado en las redes sociales, pues solo querían disfrutar del evento más importante del séptimo arte, no escuchar hasta el cansancio lo que ya claramente sabemos de Donald Trump.
Este año la premiación de la Academia resultó un torbellino de sensacionalismo y extremismos por todos lados. Pues debido a las ausencias como métodos de protestas de algunos cineastas, no faltaron aquellos medios que se aprovecharon para fomentar clickbaits al exclamar que estos cineastas habían “faltado” por “culpa de Donald Trump”, haciendo un juego de palabras en sus titulares que si bien podrían parecer ciertos, en realidad no lo eran, solo usaron el sensacionalismo para aprovecharse de la ignorancia colectiva.
De la misma forma, las opiniones en las redes sociales se polarizaron cuando no faltaron aquellos “social justice warriors” que aplaudieron todo lo ocurrido argumentando que al fin Hollywood apoyaba a las “víctimas oprimidas” por décadas -olvidando que ya llevan años apoyando a muchas “víctimas” de diferentes maneras-. Por el otro lado de esta polarización, estaban varios republicanos extremistas asegurando que el “arte” no sirve para nada y que un actor no es nadie al lado de un bombero…si, 2017 y todavía hay gente capaz de formar una Santa Inquisición, al parecer.
Con esto quiero decir que es un poco doloroso ver como un acontecimiento tan importante se transformó en una especie de “monstruo” que mutó y ensució un poco la reputación de lo que realmente debería representar Hollywood…pero tengo fe en que esto es momentáneo, y que al fin y al cabo lo más importante era apreciar el séptimo arte, algo que si seguirá traspasando los años y se mantendrá en nuestros recuerdos, porque al fin y al cabo los gobiernos pasan, la gente madura, algunos mueren, otros nacen, todo se va transformando….pero el arte nunca muere.

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